Ya lleva uno algún año por el fútbol como, además de identificar que el trabajo de un entrenador siempre se encuentre en fase de formación y reciclaje continuos (y quien se crea lo contrario tarde o temprano se dará de bruces con la realidad), para no dejar atrás un componente inherente a este juego como es la PASIÓN. Fútbol sin pasión no es fútbol, le llamaremos otra cosa pero fútbol no es. Esta semana he saboreado el amargor de la derrota más dolorosa posible, sufrir una derrota sin haber aparecido por el partido ni un sólo ápice de pasión, el resultado ha sido C.D. Diez.Sanlúcar 0 - Lora 1. Marcaron el gol nada más comenzar el partido en un error gravísimo de concentración de nuestro portero. De ahí hasta el minuto 70 mi equipo fue un espejismo de lo que ha sido hasta hace 2 jornadas y de lo que lucho cada día para que lo sea, un equipo con una identidad asentada. Sólo 30 minutos jugados con mucho sentido (ubicamos 3 centrales y 5 centrocampistas buscando la máxima amplitud) no fueron bastante para doblegar a un equipo encerrado en su área viviendo de este accidentado gol. Un partido de fútbol no para nunca de vivirse....antes de salir de casa, cuando se llega al vestuario, en el grito que se dá para su comienzo, en cada acción en disputa, en vivir cada minuto...a eso le llamo tener alma de fútbol y de futbolista. Podrás tener la mejor planificación del mundo, podrás entrenar como nadie pero como a ésto no se le eche la salsa, aunque se gane no se saborea como se debe. Mucho habremos de trabajar para recuperar nuestro nivel, como digo, de no hace muchas jornadas, y no caer en el pozo de mediocridad y del conformismo que tanto daño hace al ser humano. Y porque me lo aplico a mí mismo, todos y cada uno de los integrantes de mi equipo ha de luchar por ser hoy mejores que ayer y así poder elevar su rendimiento para ponerlo al servicio del equipo. Todo lo demás se trata donde debe hacerse, tras 4 paredes que denominamos vestuario.

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